Ad Aeternum (Español)

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10 hábitos que te están haciendo débil

Estos matan tu masculinidad.

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Juan Domínguez del Corral
mar 21, 2026
∙ De pago

Nos hemos vuelto débiles, blandos y afeminados. Para convertirnos en los hombres que Dios quiere que seamos, tenemos que empezar a eliminar de nuestras vidas aquellos hábitos que nos desmasculinizan y nos impiden convertirnos en hombres fuertes y virtuosos.

Estos son los 10 hábitos que están acabando con tu masculinidad:


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#10: Miedo a tomar riesgos

Yo soy quien te manda que tengas valor y firmeza. No tengas miedo ni te desanimes porque yo, tu Señor y Dios, estaré contigo dondequiera que vayas.
— Josué 1:9

Fíjate en los hombres que te rodean y verás que, sobre todo, tienen miedo.

Miedo al fracaso. Miedo a la incomodidad. Miedo al dolor y al sufrimiento. Miedo a perderse algo. Miedo a perder sus posesiones. Hay una nube de miedo que se cierne sobre todos nosotros, y nos ha hecho olvidar que Dios nos llama a ser valientes y a caminar con determinación.

La masculinidad se nutre de asumir riesgos y superar miedos. Nunca llegarás a ser el hombre que estás llamado a ser si sigues dejando que el miedo dirija tus decisiones.

La cura para este hábito: proponte hacer cosas que te den miedo. Solo superando tus miedos fortalecerás tu músculo del valor.

#9: Vivir reactivamente

No esperes por líderes. Hazlo solo, persona a persona.
— Madre Teresa

Reaccionar constantemente a lo que ocurre a tu alrededor, en lugar de construir de forma proactiva la vida que deseas vivir, es un signo de masculinidad débil. Por supuesto, es Dios quien decide en última instancia nuestro destino, pero en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, en nuestro trabajo, en nuestras relaciones y en todo lo demás que ocurre desde el amanecer hasta el atardecer, somos nosotros quienes tenemos que actuar.

Un hombre masculino no vive de forma reactiva. «Oh, pero tú dijiste esto, así que yo dije aquello, y luego me miraste de esa manera, así que hice esto». Así no es como debe comportarse un hombre. Tienes que actuar, no reaccionar. Tienes que hacer lo correcto independientemente de lo que esté pasando a tu alrededor. Por supuesto, sé consciente y estratégico, y ten en cuenta la información que recibes, pero, en última instancia, tus acciones no deben ser reacciones emocionales e instintivas a factores externos. Deben ser acciones intencionadas, reflexivas y estratégicas, que surjan de tu interior, de tu compromiso con la virtud y de tu papel como líder.

La cura para este hábito: aprende a planificar y a ejecutar. Desarrolla habilidades de liderazgo y practica el liderazgo incluso en las pequeñas situaciones de tu vida.

#8: Inmoralidad sexual

Huyan de la lujuria. Cualquier otro pecado que la persona cometa queda fuera del cuerpo, pero el pecado de la lujuria ofende al propio cuerpo.
— 1 Corintios 6:18

Controlar la lujuria es el rito de paso moderno de la niñez a la madurez. Hasta que no aprendas a controlar tus impulsos sexuales, siempre serás esclavo de ellos.

Sí, es difícil. Sí, vivimos en una sociedad en la que nos bombardean con contenido sexual por todas partes. Sí, es el principal pecado de nuestra época.

Pero eso solo significa que vencerlo te hace aún más poderoso. Un hombre que controla sus impulsos sexuales es un hombre de templanza y fortaleza. Es un hombre que tiene un autocontrol muy fuerte y que no se deja llevar por sus pasiones. Los niños se dejan llevar por la emoción y el placer. Los hombres se guían por la moralidad y la virtud.

La cura para este hábito: lee este artículo y, si de verdad te tomas en serio la idea de purificar tu vida, echa un vistazo a esta aplicación.

#7: Olvidar la gratitud

Oh Señor, déjame recordar con gratitud y confesar tus misericordias conmigo.
— San Agustín

Los hombres de verdad no afirman con orgullo que «se merecen» nada. Por el contrario, aprecian todo lo que tienen y alaban a Dios por ello. Saben que cada una de las cosas buenas de su vida se debe a la bondad de Dios, por lo que no se dejan llevar por el ego ni piensan que lo controlan todo.

La gratitud es tu antídoto contra la actitud infantil de creerse con derecho a todo. No hay nada menos masculino que un hombre que se queja de que las cosas son injustas y de no tener lo que cree que se merece. No te mereces ni más ni menos de lo que Dios decide que te mereces, y aceptar esto con humildad y gratitud hace que un hombre sea masculino, centrado y sabio.

La cura para este hábito: Empieza cada día alabando a Dios y dándole las gracias por todas las bendiciones que te ha dado. Haz lo mismo al final de cada día. Un simple «Gracias, Señor» es suficiente para empezar. No lo compliques demasiado, solo di «gracias» desde el corazón.

#6: Exceso de “cuidado personal”

De todo esfuerzo se saca provecho; del mucho hablar, sólo miseria.
— Proverbios 14:23

El nuevo ídolo de muchos es el llamado «equilibrio». Y lo que ellos llaman «equilibrio» no es más que pura pereza.

«Ay, estoy cansado de trabajar a medias todo el día, así que voy a procrastinar y ver Netflix durante cuatro horas seguidas, para relajarme un poco».

La relajación y el llamado «cuidado personal» pueden convertirse muy fácilmente en una excusa para procrastinar y eludir tus responsabilidades.

Por supuesto que el equilibrio es importante, pero el equilibrio no significa en absoluto que puedas ignorar el esfuerzo necesario que exige ser un hombre.

La cura para este hábito: descansa si lo necesitas, pero sé muy honesto contigo mismo: ¿realmente estás descansando porque has trabajado duro o estás dejando que la pereza tome el control y te lleve a descuidar tus responsabilidades?

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