Cuando llegue el día del juicio final
¿Que verás?
Hace poco participé en un programa de liderazgo católico que tuvo lugar en Washington DC. Durante una de las charlas, el conferencista mencionó algo que resonó profundamente en mí, tanto así que decidí escribir un artículo sobre ello apenas llegara a casa.
No recuerdo las palabras exactas que utilizó, pero lo que dijo fue más o menos esto:
"Va a haber un juicio general. Sólo Dios sabe cuándo ocurrirá, pero es seguro que así será. Cristo regresará en gloria al final de los tiempos para juzgar a los vivos y a los muertos.
Cuando eso suceda, Él revelará la disposición secreta de nuestros corazones y dará a cada persona según sus obras y su aceptación o rechazo de la gracia. Todo lo que hemos hecho, dicho y pensado será revelado. Incluso las consecuencias invisibles de esas acciones serán reveladas: verás no sólo lo que hiciste, sino el efecto que tus acciones tuvieron en los demás.
Piensa en eso por un momento. Imagínate en el día del juicio, entre todas las almas de los hombres y mujeres que han vivido.
¿Se acercarán a ti algunas de esas almas para darte las gracias, por inspirarles a buscar la santidad, por mostrarles el camino recto y ayudarles a entrar en el cielo?
¿O cientos de almas te mirarán con pena y dolor, condenándote en silencio por haberles conducido al fuego del infierno?"
Tu fe no es algo únicamente privado. Tienes que entender que lo que haces y lo que eres tiene un efecto en lo que otras personas creen, dicen y hacen también.
Eso significa que nuestra responsabilidad como cristianos es mucho mayor de lo que generalmente pensamos. No se trata sólo de salvarnos a nosotros mismos, sino de comprender que si no ayudamos a los demás a caminar hacia el cielo, los estamos empujando hacia el infierno.
Me encuentro meditando sobre esto a menudo. Creo que nos hemos vuelto cómodos y complacientes, pensando que mientras salvemos nuestras propias almas, cumplimos con nuestro deber. Pero una vida de verdadera santidad no sólo te salva a ti mismo, sino que ilumina a todos los demás que te conocen y, con suerte, con la gracia de Dios, les inspira a abrir sus corazones a Cristo.
No tengo ni idea de lo que ocurrirá cuando llegue el día del juicio. Tal vez esté sobrestimando el impacto que cada uno de nosotros tiene en otras personas. Pero incluso entonces, me esforzaré al máximo por llevar una vida de santidad, en todo lo que haga, para que tal vez, cuando regrese nuestro Señor, pueda ser saludado por quienes me conocieron y saber que, de alguna manera, les ayudé a dar, aunque fuera, unos cuantos pasos hacia el cielo.
Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.”
— Mateo 28: 18-20
Dios te bendiga y te guarde,
Juan
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Gracias. Magnífico.