Conozco a muchos jóvenes que, incluso después de haber hecho todo lo posible por dejarlo, siguen sin poder eliminar la pornografía de sus vidas. Creo que este es uno de los pecados más comunes de nuestro tiempo1, una herramienta que el diablo ha utilizado para envenenar los corazones de muchos, para mantener a los hombres emasculados, débiles e impotentes.
Es algo que realmente me duele ver, porque creo firmemente que es prácticamente imposible avanzar de manera significativa en tu camino espiritual si sigues siendo adicto a este vicio. Veo dejar la pornografía como el nuevo «rito de iniciación» por el que los jóvenes deben pasar para dejar atrás la infancia y madurar hasta convertirse en los hombres que están llamados a ser.
Como hombres, necesitamos un alto grado de autocontrol. Debemos ser capaces de triunfar sobre nuestras facultades e impulsos más bajos, para poder recorrer el camino estrecho sin desviarnos y guiar a otros por la senda de la virtud. Un hombre que aún está controlado por sus impulsos y sus instintos más bajos es un hombre que aún no se ha desarrollado plenamente y, por lo tanto, se comporta como un niño. Esto no es un problema cuando también eres un niño en edad, pero es una gran tragedia envejecer en años y seguir siendo un niño por dentro.
En este artículo te voy a compartir, de la manera más clara posible, el mejor protocolo que conozco para ayudarte a dejar este vicio tan dañino.
Antes de compartirlo contigo, y por total transparencia: pensé en hacer este artículo pago, porque estoy 100 % seguro de que podría haber atraído una gran cantidad de nuevos suscriptores de pago. Sin embargo, no quiero poner detrás de un muro de pago un tema que sé que causa tanto dolor a tantos hombres. He visto de cerca el dominio que este vicio ejerce sobre muchos, y esta batalla es una causa que llevo muy cerca del corazón.
Por eso decidí que este artículo fuera gratuito, con la esperanza de que pueda ayudar a la mayor cantidad posible de jóvenes. Sin embargo, este blog es mi medio de sustento para mantener a mi familia, así que lo único que te pido a cambio es que te suscribas de manera gratuita. Solo debes poner tu correo en la caja de abajo o al final del artículo.
Sin más preámbulos, este es el protocolo:
Protocolo paso a paso para dejar la pornografía
Paso 1: Verla tal como es
El primer paso para derrotar este vicio es tomar conciencia de lo terrible que realmente es. Muchos hombres nunca logran dejarlo porque no ven la necesidad, o porque saben a cierto nivel que está mal, pero permanecen deliberadamente ciegos a la profunda oscuridad de la p*rnografía para poder seguir consumiéndola sin tanta culpa.
Puede que mis palabras aquí sean fuertes y ofensivas. Puede que duela leerlas. Pero ese es el punto. La p*rnografía merece ser expuesta clara y explícitamente como el mal demoníaco que es, y tú mereces saber exactamente cómo te está dañando.
El objetivo de este primer paso es hacer imposible que te escondas detrás de la ignorancia —voluntaria o no— y que te justifiques cualquier consumo de p*rnografía. Este paso busca que seas plenamente consciente de cuán oscuro y maligno es este hábito. Porque una vez comprendas su gravedad, estarás más comprometido a dejarlo, harás un mayor esfuerzo por purificar tu vida y sentirás todo el peso de la culpa cuando falles. Será duro, será una lucha, pero es una lucha que debes atravesar para salvar tu alma.
Primero, sé honesto y acepta que NUNCA es aceptable ver pornografía. Ni una vez al mes, ni una vez al año. Nunca. Esto te impedirá justificar las recaídas diciendo que “no son tan frecuentes”. Es posible dejar la pornografía por completo, y ese es tu objetivo.
Segundo, piensa en el acto mismo de ver pornografía. Estás obteniendo placer viendo a una mujer atractiva tener relaciones con un hombre que no eres tú. ¿Harías lo mismo si estuvieras en una habitación con ambos? Literalmente estás eligiendo ver a otro hombre tener relaciones con una mujer que te gustaría tener, en lugar de hablar con una mujer real, desarrollar una relación amorosa y casarte con ella. Piénsalo bien. No te escondas detrás de justificaciones. Obsérvalo tal como es, por vergonzoso que resulte. Es una actividad de cuckold. Es lo más bajo de lo bajo. ¿Cómo esperas que otros te respeten si haces esto?
Piensa en los hombres a los que admiras y en lo que pensarían de ti si te vieran haciendo esto. Siente el peso de su decepción. Permítete reconocer lo humillante que es esta actividad. La p*rnografía está literalmente diseñada para mantenerte emasculado, controlado por tus facultades inferiores, deprimido y solo. Eso debería enfurecerte. Es un enemigo que quiere destruir tu alma, y tú le estás permitiendo ganar.
Tercero, la industria pornográfica es una de las cosas más demoníacas que existen. Mujeres jóvenes —a menudo menores de edad— son explotadas, manipuladas, y sus vidas y almas son destruidas. También hombres jóvenes. Tu consumo solo sirve para promover esta industria y contribuir a los terribles pecados que se cometen en ella. Te conviertes en un participante activo en la destrucción de vidas y en la condenación de almas. Necesitas comprender esto para hacer todo lo posible por dejarlo.
Además, al consumir pornografía contribuyes al declive cultural y a la degeneración que lentamente consume al mundo moderno. Te vuelves un participante voluntario de la sodomía de la posmodernidad, ayudando al mal a acelerar la destrucción de la belleza y la pureza en favor de lo sucio y degenerado.
Ver pornografía es un hábito vergonzoso, humillante, inmundo, emasculante y malvado. No te escondas de esta verdad. No intentes justificar lo contrario. Te prometo que aceptar honestamente cuán terrible es hará que dejarlo sea más fácil.
Paso 2: Haz una limpieza profunda
Ahora debes eliminar todos los detonantes. Las redes sociales están diseñadas para mostrarte contenido que capte tu atención. ¿Y qué tipo de contenido atrae más la atención masculina? Mujeres atractivas semidesnudas. Eso no es más que pornografía suave.
Este contenido actúa como detonante. Debes eliminar por completo de tu vista y de tu mente a mujeres desnudas o semidesnudas y cualquier posible estímulo. Marca cada una de esas publicaciones como “no me interesa”. Esto evita que te sigan mostrando contenido similar. Probablemente no seas lo suficientemente fuerte como para resistir una vez que la tentación comienza, así que no le des ni un centímetro: elimina los detonantes antes de siquiera verlos.
Deja de seguir incluso a “amigas” que publiquen contenido provocativo. Puede sonar extremo, y lo es. Pero es tu alma lo que está en juego. Las medidas extremas son válidas cuando el precio es tan alto. Cancela suscripciones a canales que publiquen ese tipo de contenido. Instala bloqueadores de contenido en tu computador y en tu teléfono. Apaga el celular y déjalo lejos cuando vayas al baño o antes de dormir si eso te lleva a pecar.
Crea un entorno donde no estés constantemente bombardeado por pornografía suave, tentaciones y contenido hipersexualizado.
No limpies solo tu mundo digital. Limpia también tu entorno físico. Deshazte de películas, revistas o incluso libros que actúen como detonantes. Deja de asistir a fiestas degeneradas. Deja de relacionarte con personas que te lleven al pecado.
Todo lo que te rodea puede ayudarte en tu búsqueda de la virtud o entorpecerla. Nuevamente: aquí hacen falta medidas extremas. Vale totalmente la pena perder a esos “amigos” que constantemente te empujan a pecar.
Además, deja de beber alcohol y de consumir drogas que disminuyen tu autocontrol. Estas te empujan por una pendiente resbaladiza y nublan tu juicio. Necesitas estar lúcido para ganar esta batalla.
Asegúrate de que tu entorno fomente la pureza y la belleza, no la lujuria y el pecado. Sé tan radical como sea necesario. Vale completamente la pena.
Paso 3: Crea incentivos
Negocia contigo mismo y castígate si fallas. Desarrolla una estructura de incentivos que premie el buen comportamiento y castigue el pecaminoso.
Solo tú sabes qué incentivos serán más efectivos para ti, pero por ejemplo, podrías castigarte con duchas frías cada vez que recaigas. Dado que estamos intentando eliminar un hábito, el refuerzo negativo puede ser más poderoso que el positivo.
Si recaes, al día siguiente sacrifica algo que te guste. El castigo no tiene que ser severo, solo lo suficientemente incómodo como para que empieces a asociar la lujuria con una consecuencia negativa. Las duchas frías son una opción, no ver deportes o entretenimiento es otra. El ayuno también es excelente. Haz que recaer te resulte incómodo.
Desarrolla castigos adecuados e incómodos y asegúrate de tener la disciplina y fortaleza mental para aplicarlos cuando falles.
Para esto, hay algunas apps y herramientas increíbles. La mejor que he visto es la app Relay. Son socios oficiales de Ad Aeternum, así que si usas el código AETERNUM puedes probarla gratis: https://joinrelay.app/adaeternum
Paso 4: Separa tu identidad del hábito
Aquí es donde muchos fallan: empiezan a contar los días que llevan “libres de p*rnografía”, lo cual es una estrategia terrible, porque le da demasiada importancia al hábito.
Llevar la cuenta de algo lo vuelve importante. Lo mantiene relevante. Si cuentas constantemente los días sin p*rnografía, le estás diciendo a tu cerebro que esto es extremadamente importante y muy difícil.
Tan difícil que necesitas llevar la cuenta. Cada día piensas en el hábito que intentas dejar, y eso solo lo hace más difícil.
Además, te impones una presión innecesaria: si recaes, te hundes pensando “tengo que empezar de nuevo”.
Convertirlo en una “racha” implica que es algo temporal y que eventualmente recaerás. No ayuda.
La mentalidad correcta es decirte simplemente:
“Soy un hombre que no ve p*rnografía. Va contra mis valores, es vergonzoso y asqueroso, y ni siquiera lo disfruto.”
Si lo ves así, te prometo que será mucho más fácil dejarlo definitivamente.
Tendrás mayor fuerza para resistirlo, porque se convertirá en algo irrelevante, menor, algo insignificante que no te gusta, en lugar de algo tan importante que tienes que llevar la cuenta de cuantos días has podido evitarlo.
Sepárate del hábito. No le des espacio mental. No hables de él, no pienses en él, no cuentes los días. Forja una nueva identidad mediante la repetición, una identidad completamente separada del hábito que estás dejando.
Paso 5: Encuentra fuerza en Dios y en la oración
La mejor forma de combatir la lujuria es a través de la oración. Aprende a confiar no en tus propias fuerzas, sino en las de Dios. Invoca el nombre de Jesús cada vez que sientas que la tentación empieza a acecharte y reprende al diablo en el nombre de Cristo. Recurrir constantemente a Dios en la oración fortalece tu alma frente a las tentaciones.
La oración a San Miguel también es útil:
“San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.
Sé nuestro amparo contra la maldad y asechanzas del demonio.
Reprímele oh Dios, como rendidamente te lo suplicamos;
y tú, Príncipe de la Milicia Celestial,
arroja al infierno con el poder divino a Satanás
y a los demás espíritus malignos
que andan dispersos por el mundo
para la perdición de las almas. Amén.”
San Juan Pablo II recomienda esta oración para obtener ayuda en la batalla contra las fuerzas de las tinieblas.
Además, memoriza algunas oraciones breves y versículos de las Escrituras para que puedas repetirlos en oración cuando necesites combatir los pensamientos intrusivos, por ejemplo.
Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy pecador.
— La Oración de Jesús
Bienaventurados los de corazón puro, porque ellos verán a Dios.
— Mateo 5:8
Por último, hermanos y hermanas, todo lo que es verdadero, todo lo que es noble, todo lo que es justo, todo lo que es puro, todo lo que es amable, todo lo que es digno de admiración si hay algo excelente o digno de alabanza, pensad en esas cosas.
— Filipenses 4:8
¿Cómo puede un joven mantener puro su camino? Guardándolo según tu palabra. He guardado tu palabra en mi corazón, para no pecar contra ti.
— Salmo 119:9-11
Someteos, pues, a Dios. Resistid al diablo, y huirá de vosotros.
— Santiago 4:7
Por eso digo: “Andad según el Espíritu, y no satisfaréis los deseos de la carne.”
— Gálatas 5:16
Aunque, como cristianos, tengamos que ser fuertes y resistentes al pecado, no es prudente intentar ser más astutos que el diablo. Él es un engañador y es más astuto que vosotros. Por eso, la única protección que realmente tenemos es Jesús y su Palabra.
A todos mis hermanos católicos, les recomiendo también que consagren su vida a María. María es el ejemplo perfecto de pureza y castidad, y es una gran ayuda en la lucha contra la lujuria. Ella conduce a todos hacia su Hijo y es el auxilio de todos los cristianos.
Paso 6: Ayuna, reza y confiésate con frecuencia
El ayuno es una de las formas más eficaces de controlar la lujuria, ya que al controlar el apetito por la comida, también aprendes el autocontrol necesario para mantener a raya otros apetitos corporales como el deseo sexual. Controlar un apetito básico significa controlar todos los demás, ya que están relacionados entre sí y requieren el mismo “músculo” de autocontrol.
El ayuno aumenta tu hambre física, pero también tu hambre espiritual, y te recuerda tu naturaleza humana imperfecta, obligándote a ser humilde y a dar gracias por la gracia de Dios.
La oración abre un canal de comunicación directo con Dios. Pídele que te purifique. Aquí tienes una oración por la pureza:
Jesús, derrama Tu Preciosa Sangre sobre mí, sobre mi cuerpo, mi mente, mi alma y mi espíritu; sobre mi consciente y mi subconsciente; sobre mi intelecto y mi voluntad; sobre mis sentimientos, pensamientos, emociones y pasiones; sobre mis palabras y acciones; sobre mi vocación, mis relaciones, mi familia, mis amigos y mis posesiones. Protege con Tu Preciosa Sangre todas las demás actividades de mi vida. Señor, te dedico todas estas cosas y te reconozco como Señor y Amo de todo.
María, Inmaculada Concepción, Virgen Madre pura y santa de Nuestro Señor Jesucristo, acoge a cada uno de nosotros bajo tu velo; guárdame y protégeme contra todos los ataques y tentaciones que puedan violar la virtud de la castidad.
Señor Jesucristo, te suplico que me concedas la gracia de permanecer protegido bajo el manto protector de María, rodeado de la santa zarza de la que se tomó la Santa Corona de Espinas, y empapado de tu Preciosa Sangre en el poder del Espíritu Santo, junto con nuestros ángeles de la guarda, para mayor gloria del Padre.
Amén
En cuanto a la confesión, de nuevo, desde una perspectiva católica, así es como lo explica el autor y profesor Michael Pennock en su libro Questions from Seventh Period: Doc Pennock Answers Teen’s Questions on Life, Love, and the Catholic Faith:
¿Te has preguntado alguna vez cómo llega un gusano al interior de una manzana? (...) Los botánicos nos dicen que el gusano viene de dentro. (...) El pecado es como ese gusano. Empieza en el corazón y se abre paso hacia fuera a través de los pensamientos, las palabras y las acciones de una persona.
¿Cómo afrontamos los cristianos el pecado (...)? Él nos ha dado una forma maravillosa de reparar el daño que el pecado causa en nuestras vidas: el sacramento de la Reconciliación. Cuando nos confesamos, estamos diciendo: “¡Quiero ser bueno, ahora mismo! Quiero (...) dar buenos frutos para Cristo. Quiero deshacerme del pecado que me está desfigurando”.
El sacramento de la Penitencia (...) es un regalo de Jesús para asegurarnos su perdón de nuestros pecados y aligerar nuestros corazones. A menos que confesemos nuestros pecados, estos seguirán carcomiéndonos. La confesión sacramental es medicina para el alma. (...)
¿Con qué frecuencia se debe ir a confesarse? (...) El Catecismo de la Iglesia Católica afirma:
“La confesión individual e integral de los pecados graves, seguida de la absolución, sigue siendo el único medio ordinario de reconciliación con Dios y con la Iglesia” (CIC, 1497).
(...) En sentido estricto, si no hemos cometido ningún pecado mortal, no estamos obligados a confesarnos. Pero la Iglesia recomienda practicarla con regularidad (...) para crecer en santidad mediante el ejercicio de la virtud de la humildad, (...) y la lucha contra el orgullo, raíz de todos los pecados.
¿Por qué ir a confesarse?
Para experimentar de primera mano el amor de Cristo. (...) Jesús perdonó los pecados y sigue haciéndolo hoy a través de su Iglesia (...): «A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados...» (Jn 20, 23).
Para decir la verdad sobre nosotros mismos. Todos pecamos. (...) «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonarnos los pecados...» (1 Jn 1, 8-9). (...) Nombrar nuestros pecados es un signo de contrición y de verdadero arrepentimiento. (...)
Reconciliarnos con los demás. El pecado aleja a la persona de Dios, de sí misma y de los demás. (...) La confesión reconoce que necesitamos reconciliarnos con Dios y con la comunidad cristiana. (...)
Crecer en santidad. (...) El sacramento nos da una conciencia más sensible y nos enseña a detestar el pecado, a resistir el pecado mortal y a amar la virtud.
Según mi experiencia, no se puede subestimar el valor de este sacramento: el mero hecho de tener el valor de hablar abiertamente, nombrar nuestro pecado, reconocer que hemos fallado y pedir perdón es un ejercicio de humildad difícil de replicar fuera de la confesión.
Si no eres católico, quizá te sientas reacio a hacerlo. Pero, por otra parte, la confesión forma parte de este método, que es muy eficaz, así que te animo a que lo pruebes. Si lo que has estado haciendo hasta ahora no te ha funcionado, quizá merezca la pena probar algo diferente.
Paso 7: Sé tenaz, mantente ocupado y no pierdas la esperanza
También te recomiendo mantenerte ocupado, tanto mental como físicamente. Es más fácil recaer cuando estás inactivo, aburrido y lleno de energía. Entrena duro, hasta el punto del agotamiento. Trabaja duro también. Ora aún más duro. Mantente ocupado con actividades productivas, de modo que durante el día no tengas tiempo ni espacio para pensamientos lujuriosos, y al final del día estés realmente cansado y puedas irte a dormir de inmediato.
Vencer la lujuria es una de las batallas más difíciles que podemos librar hoy. Para algunos es más fácil y para otros más difícil, pero no esperes ganar esta batalla sin tener que luchar. Si realmente quieres liberarte de la adicción a la p*rnografía, necesitas estar preparado para ser implacable.
Tal vez para ti sea fácil dejarlo por completo y no recaer nunca. Pero si no lo es, no te desanimes. Levántate y vuelve a intentarlo. La única cosa que no puedes hacer, bajo ninguna circunstancia, es perder el ánimo y pensar que es imposible dejarlo. Puedes dejarlo, y lo dejarás, siempre y cuando nunca pierdas la esperanza y nunca dejes de esforzarte por la pureza.
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Vuelve a leer esta entrada tantas veces como necesites, y si eres un hombre que ha conseguido dejar este vicio con éxito, deja un comentario compartiendo tus mejores consejos para aquellos que aún luchan por conseguirlo.
Quiero que este artículo sirva como un foro abierto en el que podamos compartir nuestra sabiduría colectiva y ayudar a aquellos hombres que están haciendo todo lo posible por eliminar a este demonio de sus vidas. Por favor, compártelo también para que llegue al mayor número posible de hombres.
Espero que este artículo te haya ayudado. Sigue el protocolo y cuéntame cómo te va.
Dios está contigo, estás en mis oraciones y, sin duda, también en las de todos los hombres que libran esta batalla a tu lado.
Ad Maiora Nati Sumus,
Juan


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https://ballardbrief.byu.edu/issue-briefs/pornography-use-among-young-adults-in-the-united-states







La paz de Cristo mis hermanos, Dios esta con nosotros.