Ad Aeternum (Español)

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Los 10 principios de la masculinidad cristiana

Una guía simple para una vida virtuosa.

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Juan Domínguez del Corral
mar 07, 2026
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Un hombre debe vivir según un código. En nuestra era de subjetividad y relativismo, incluso los hombres cristianos han perdido de vista los principios que deberían guiarnos. Aquí hay diez principios de masculinidad cristiana para el hombre moderno.


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10. Vivirás para servir a Dios y a los demás

Un hombre cristiano reconoce que su propósito en la vida es servir. Entiende que su vida debe ser una ofrenda viva (Romanos 12:1), lo que significa que cada acción, cada decisión, cada hora está consagrada a los propósitos de Dios y no a su propia comodidad o ambición. Por lo tanto, está dispuesto a sacrificar sus propios deseos por el bien de aquellos a quienes ama y para cumplir la misión que Dios le ha encomendado. Sirve a Dios utilizando sus dones y talentos de una manera que lo glorifica, y sirve a los demás asegurándose de que su vida sea productiva y de que su ejemplo y sus esfuerzos ayuden a los demás a avanzar hacia el bien.

Porque, del mismo modo, el Hijo del hombre no vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por una multitud.

— Mateo 20:28

9. Vivirás intencionalmente

En esta epidemia de inercia, en la que la mayoría de los hombres se dejan llevar por la vida y dejan que las circunstancias determinen su destino, sin elegir nunca activamente una dirección, un hombre de fe debe ser consciente y estar atento a las decisiones que toma. Debe orar por ellas, discernir cuidadosamente, invitar a Dios a participar en su proceso de toma de decisiones y comprometerse voluntariamente con un curso de acción. No deja que la inercia o las influencias externas lo guíen, y vive intencionalmente cada día, sabiendo por qué hace lo que hace.

Por lo tanto, cuiden mucho su comportamiento. No vivan neciamente, sino con sabiduría. Aprovechen bien este momento decisivo, porque los días son malos.

— Efesios 5:15-16

8. No usarás tu fe como excusa para la debilidad

Es una pena que tantos cristianos utilicen su fe para justificar su afeminamiento, su acedia o su falta general de fortaleza. Citan «bienaventurados los mansos» para evitar la confrontación, citan «pon la otra mejilla» para excusar la cobardía o apelan a la «misericordia de Dios» para racionalizar su negativa a luchar contra sus pecados. Pero esto es una perversión del Evangelio.

Nuestra fe es la fe de mártires, guerreros, reyes, profetas y santos. Ninguno de ellos ha sido nunca débil. Todos pecamos, todos luchamos, pero la santidad nunca será alcanzada por aquellos que son demasiado débiles para luchar. Los hombres cristianos deben esforzarse por ser más fuertes mental, espiritual y físicamente, entendiendo que la vida del hombre en la tierra es una guerra (Job 7:1), y debemos estar preparados para esa realidad.

Por eso, tomen toda la armadura que Dios les ha dado, para que puedan resistir en el día malo y, después de haberse preparado bien, mantenerse firmes.

Así que manténganse firmes, revestidos de la verdad y protegidos por la rectitud. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. Sobre todo, que su fe sea el escudo que los libre de las flechas encendidas del maligno. Que la salvación sea el casco que proteja su cabeza, y que la palabra de Dios sea la espada que les da el Espíritu Santo.

— Efesios 6:13-17

7. Vivirás castamente

Los hombres hacen cosas difíciles. Y en una sociedad que constantemente promueve el pecado sexual como «libertad», luchar por permanecer casto es una de las batallas más difíciles que podemos emprender.

La inmoralidad sexual te destruye. Nubla tu intelecto, confunde tu entendimiento, te vuelve orgulloso y desobediente. Es un pecado terrible.

La masculinidad cristiana significa ser radical en el rechazo del pecado, y eso incluye los pecados de la carne. Debemos entregarnos por completo a Dios, no solo elegir lo que nos conviene más. Un verdadero cristiano se esfuerza por vivir una vida de castidad, comprendiendo no solo cómo daña su propia alma, sino reconociendo que cuando los hombres persiguen la gratificación desordenada se vuelven incapaces de amar con sacrificio genuino, de tener un matrimonio fiel y de ser padres desinteresados. La inmoralidad sexual destruye a las personas y erosiona lentamente los cimientos de una cultura sana, perjudicando gravemente a la sociedad en su conjunto.

Lo que Dios quiere es que ustedes lleven una vida santa, que nadie cometa inmoralidades sexuales y que cada uno sepa dominar su propio cuerpo en forma santa y respetuosa, no con pasión y malos deseos como las gentes que no conocen a Dios.

— 1 Tesalonicenses 4:3-5

6. Aceptarás la carga del liderazgo

El liderazgo que Dios nos ha dado —sobre nuestras familias y comunidades— es, en muchos sentidos, una pesada carga. Ser líder implica ser responsable de quienes te siguen. Eso significa que, si tomas una mala decisión, no solo tú sufres las consecuencias, sino también todos aquellos que te aman y confían en tu liderazgo. Es una gran responsabilidad. Sin embargo, un hombre cristiano lo lleva de buena gana. No busca cargar a otros con una responsabilidad que es suya, no hace que su mujer la lleve, y hace todo lo posible por imitar a Cristo en su liderazgo.

La masculinidad cristiana exige que asumamos el papel para el que Dios nos ha creado, tratando de actuar según Su voluntad en cada paso del camino.

Cuiden de las ovejas de Dios que han sido puestas a su cargo; háganlo de buena voluntad, como Dios quiere, y no forzadamente ni por ambición de dinero, sino de buena gana. Compórtense no como si ustedes fueran los dueños de los que están a su cuidado, sino procurando ser un ejemplo para ellos.

— 1 Pedro 5:2-3

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