Los susurros de nuestro Señor
Reflexiones de un fin de semana en silencio
“Si amas la verdad, sé amante del silencio.”
— San Isaac el Sirio
Pasé el último fin de semana (de viernes a lunes) en completo silencio, sin teléfono ni pantallas, viviendo en un monasterio y realizando los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola.
Los Ejercicios Espirituales son una serie de meditaciones, contemplaciones y reflexiones que ayudan al alma a desprenderse de los afectos desordenados y prepararse para buscar y encontrar la voluntad de Dios en la propia vida. Son una herramienta poderosa para el discernimiento, el abandono a la voluntad divina y el crecimiento en el amor y el desapego del mundo.
Me sentí particularmente motivado a participar en este retiro porque estoy atravesando un periodo de grandes cambios, y en medio de las prisas y el ruido del día a día, encontrar un momento de silencio se ha vuelto algo difícil.
La experiencia fue profundamente conmovedora y aprendí algunas lecciones importantes que quisiera compartir contigo. No solo para que puedas meditarlas, sino también con la esperanza de motivarte a realizar tú mismo los Ejercicios Espirituales.
1. Estamos demasiado distraídos
Lo primero que noté en el retiro, incluso antes de comenzar los ejercicios, fue lo difícil que resultaba estar sin mi teléfono, aunque fuera por unas pocas horas. Me descubrí instintivamente tocándome el bolsillo, aun sabiendo que el celular estaba apagado y en modo avión en mi habitación.
Durante el primer día, mi mente saltaba de pensamiento en pensamiento con ansiedad, incapaz de enfocarse. Me sorprendió descubrir cuán desacostumbrado estaba al silencio. No era difícil guardar silencio con los labios, pero la quietud total del monasterio, sin estímulos externos, fue un desafío enorme para mi mente inquieta.
Me di cuenta de cuán extraños nos hemos vuelto al silencio —tanto externo como interno.
2. La sobreestimulación constante nos tiene crónicamente agotados
Lo siguiente que noté fue lo increíblemente cansado que estaba. El reposo del retiro me obligó a reconocer la fatiga acumulada en mi cuerpo y en mi mente.
Comprendí que el estilo de vida moderno, con su sobreestimulación continua, nos impide descansar verdaderamente. Las pantallas azules a las que estamos pegados distraen tanto nuestra mente como nuestro cuerpo, haciéndonos olvidar que necesitamos desconectarnos. Y cuando despertamos cada día, lo primero que hacemos es lanzarnos de nuevo al torrente de dopamina de los teléfonos, computadores y televisores. Así nos agotamos crónicamente, sin darnos cuenta.
3. El mundo no se acaba si te desconectas unos días
No recordaba la última vez que había estado desconectado por tanto tiempo. Sabía racionalmente que nada grave iba a ocurrir, pero en el fondo, sentía esa ansiedad de tener que revisar el teléfono “por si acaso” algo urgente pasaba.
Y, por supuesto, cuando encendí el teléfono cuatro días después, no había pasado absolutamente nada urgente. Todo seguía igual. Solo tenía más correos y mensajes de lo habitual.
Solemos justificar nuestra adicción insistiendo en que algo podría necesitar nuestra atención. Pero la verdad es que casi nunca hay nada urgente: usualmente estamos simplemente desesperados por distracciones y gratificaciones rápidas.
4. Solo hay un propósito verdadero en la vida
Los Ejercicios Espirituales comienzan con una meditación llamada El Principio y Fundamento, donde San Ignacio explica con claridad el propósito de nuestra existencia:
“El hombre es creado para alabar, reverenciar y servir a Dios nuestro Señor, y mediante esto salvar su alma. Y las demás cosas sobre la faz de la tierra son creadas para el hombre, para que le ayuden a conseguir este fin.
De donde se sigue que el hombre debe hacer uso de ellas en cuanto le ayuden para este fin, y apartarse de ellas en cuanto le impidan.Por tanto, debemos hacernos indiferentes a todas las cosas creadas, en todo lo que esté en nuestra libertad y no esté prohibido: de tal modo que no queramos, por nuestra parte, más salud que enfermedad, más riqueza que pobreza, más honra que deshonra, vida larga que corta… buscando siempre lo que más nos conduzca al fin para el que fuimos creados.”1
Todos pensamos a menudo en el sentido de la vida, pero pocas veces encontramos una respuesta tan clara. Este principio es el fundamento sobre el cual podemos construir una vida santa y llena de propósito.
Al meditar este principio y fundamento, te das cuenta de que realmente solo hay un propósito verdadero: buscar y cumplir la voluntad de Dios para salvar el alma y vivir con profunda alegría y gratitud.
Nada en el mundo puede darnos esa plenitud. Solo en lo eterno hallaremos la paz que buscamos.
5. El Sacramento de la Reconciliación es un regalo hermoso
Los Ejercicios originales duraban un mes entero, pero se han adaptado al ritmo moderno, por lo que este retiro fue de solo cuatro días.
En la primera etapa (en este caso, el primer día), uno de los puntos centrales es vivir la misericordia profunda de Dios mediante una confesión general.
Ese examen minucioso de conciencia permite comprender la fealdad del pecado y la grandeza de la gracia.
Fue uno de los encuentros más conmovedores que he tenido con la misericordia divina. Mirar de frente mis pecados y recibir el perdón del Señor me movió profundamente a seguirlo con fidelidad. Nunca antes había sentido tan claramente el deseo de entregarle toda mi vida.
“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer.
Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo, dispón de ello según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta.”
— San Ignacio de Loyola
6. No se trata de hacer mucho, sino de hacer lo que agrada al Señor
El sacerdote que dirigía el retiro dijo algo que me marcó:
“No se trata de hacer mucho, sino de hacer lo que agrada al Señor.”
Con frecuencia nos obsesionamos con lograr grandes cosas para Dios y nos frustramos cuando no alcanzamos esos ideales. Pero Dios mira más la fidelidad que la magnitud. Lo importante no es hacer obras grandiosas, sino vivir cada decisión, por pequeña que sea, en obediencia a Su voluntad.
“Marta, Marta, te inquietas y te turbas por muchas cosas; pero una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada.”
— Lucas 10, 41-42
7. No te hundirás si mantienes la mirada en Jesús
“Pero viendo la fuerza del viento tuvo miedo, y empezando a hundirse gritó, diciendo: ¡Señor, sálvame!
Y al instante Jesús, extendiendo la mano, lo sostuvo y le dijo: Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?”
— Mateo 14, 30-31
Este pasaje siempre ha tenido un lugar especial en mi corazón. Me recuerda que no es la tormenta la que nos hunde, sino la duda.
Pedro camina sobre el agua mientras su mirada está fija en Cristo. Pero en cuanto se enfoca en la tormenta, comienza a hundirse. Así ocurre en nuestra vida: cuando miramos el caos y no a Cristo, perdemos la paz y la fe.
Dios nos da la fuerza para resistir, pero debemos tener la disciplina y la confianza para mantener los ojos en Él, no en la tempestad.
Si te has sentido atrapado en el ritmo frenético del mundo moderno, te animo a desconectarte por un día o dos, dedicar ese tiempo a la oración y al encuentro íntimo con Cristo.
Dios sabe que lo necesitamos, ahora más que nunca.
Por último, te animo a rezar a menudo la oración mencionada anteriormente, a sentir plenamente el peso de las palabras y a encontrar, mediante la entrega a Su Divina Voluntad, la paz que anhela tu corazón.
“Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer.
Tú me lo diste, a ti, Señor, lo torno.
Todo es tuyo, dispón de ello según tu voluntad.
Dame tu amor y tu gracia, que ésta me basta.”
— San Ignacio de Loyola
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Traducción al inglés de Michael Ivens, SJ, Understanding the Spiritual Exercises, p.29






Gracias por compartir un poco del fruto de tus Ejercicios.
Muy interesante eso de que
"...cuando encendí el teléfono cuatro días después, no había pasado absolutamente nada..."
Y también lo de la recuperación de la fe masculina. Supongo que das por hecho otra forma que no lo es, claro? Gracias