¡Muévete!
Y deja que Dios haga el resto.
Una de las más grandes paradojas de la vida es que el camino que estás destinado a recorrer sólo aparece cuando empiezas a andarlo, no antes.
Tienes que caminar a ciegas, en la oscuridad, y sólo entonces iluminarás el camino que tienes ante ti.
Si pudiera señalar una cosa puntual que evita que la mayoría de los hombres alcancen sus metas, es la cobarde necesidad de certeza absoluta como requisito previo para tomar acción.
La naturaleza misma de la vida es la incertidumbre. Eso significa que nunca conocerás todos los hechos. Jamás tendrás certeza absoluta. Cada decisión que tomes implicará un riesgo.
En esta desesperada necesidad de eliminar todo riesgo de sus vidas, muchos hombres acaban por no actuar nunca, quedándose perpetuamente en un estado de “discernimiento”, porque cada elección, en su naturaleza incierta, será siempre, sin duda, un acto de fe.
La vida mejora cuando te das cuenta de que todo lo que haces es un tiro en la oscuridad. Nunca verás el panorama completo. Nunca conocerás todos los hechos. Nunca estarás suficientemente preparado. Cada decisión que tomes será siempre tu mejor suposición. Idealmente, una suposición informada. Pero una suposición al fin y al cabo.
Si necesitas de certeza absoluta para actuar, nunca tomarás las decisiones difíciles que debe tomar un hombre. Te quedarás paralizado para siempre, esperando toda tu vida.
Mirarás atrás en tu lecho de muerte y te darás cuenta de que utilizaste la falta de información como la más triste excusa para evitar lanzarte al fuego de la vida y contestar el llamado de Dios. Te verás pasando días, semanas o meses sopesando los pros y los contras de cada elección, sin acercarte ni un pelo a la certeza y desperdiciando tu potencial en el proceso.
Esperar la certeza absoluta es una postura más arriesgada que simplemente tener las agallas de tomar acción con información limitada. No estás reduciendo las posibilidades de cometer un error por analizarlo todo en exceso, sólo estás posponiendo la acción por miedo a escoger mal.
La capacidad de tomar decisiones rápidamente, con información limitada, es un principio clave de la masculinidad. Cualquier hombre que haya hecho algo por sí mismo te dirá que la acción triunfa sobre la teoría, 10 de cada 10 veces. Y la acción sólo es posible cuando dejas de planear y analizar, de darle vueltas a cada pequeño detalle, y avanzas con valentía hacia lo desconocido.
Los hombres no podemos permitirnos esperar a estar absolutamente seguros para tomar una decisión, y debemos aprender a reunir rápidamente la información más importante —el 20% de la información que se encarga del 80% de la incertidumbre—, y pasar a la acción sin esperar la certeza absoluta.
No te pusieron en esta tierra para que malgastaras tu vida persiguiendo la seguridad.
Dios te hizo un hombre, lleno de fuego, potencial y empuje, por una razón. Te dio esos dones para que pudieras usarlos para avanzar sin descanso, construir una vida hermosa, inspirar a otros y promover Su Reino en la tierra.
La evasión del riesgo muestra una falta de fe. La falta de acción muestra que un hombre vive paralizado por el miedo.
Dios nos llama al mar abierto, y la mayoría encontrará mil excusas para negarse temerosamente a contestar su llamado. Se nos ha prometido una vida de propósito y libertad, y el precio que tenemos que pagar para tenerla es la destrucción del espíritu afeminado, temeroso y glotón que se ha apoderado de nosotros.
Dios te hizo un hombre, y cada vez que te entregas a la cobardía, lo insultas al desperdiciar el don de la vida que te ha dado.
Honra a Dios usando los dones que te dio, siendo un hombre de coraje y de acción audaz e implacable.
Saca el barco del puerto y adéntrate en lo desconocido, donde no sólo te espera el propósito mismo de la vida, sino también la promesa de grandeza, gloria y una vida hermosa.
¡Gracias por leer!
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Gracias, Dios me dio la respuesta que he estado orando a través de ti. Paz y bien desde Venezuela.
Completamente de acuerdo. Excelente.