No existe el centro político
Por qué el "centro" es una ilusión y por qué los extremos no son siempre malos.
La mayoría de la gente cree que el espectro político es algo así:
La suposición implícita en esa imagen —en la que la mayoría cree— es que el centro es donde residen la sabiduría y la prudencia, que los extremos son intrínsecamente peligrosos y que inclinarse hacia cualquiera de los dos extremos es necesariamente negativo.
Pero hay un problema enorme con esa visión, y es que la escala que usamos para medir los extremos no es fija ni objetiva. Más allá de eso, hemos caído en trucos retóricos que nos han convencido de que todo «extremo» es necesariamente e inherentemente incorrecto. Esto —como veremos— no es cierto en absoluto: los extremos pueden ser buenos cuando son moralmente coherentes. Existe tal cosa como la bondad extrema, la virtud extrema, el rechazo extremo y radical del pecado. Ninguna de esas cosas es mala, pero son extremos.
Entonces, ¿y si el problema fuera la escala misma?
La escala no mide nada fijo
El espectro político izquierda-derecha no es una escala fija, y la historia demuestra su carácter arbitrario. La distinción entre izquierda y derecha se originó en la distribución de la Asamblea Revolucionaria Francesa en 17891: quienes apoyaban al rey se sentaban a la derecha, y quienes se oponían a él, a la izquierda. Ese es, en esencia, el origen del marco político más dominante del mundo moderno.
Esta disposición física dio origen a la terminología política que usamos hoy en día. La «izquierda» pasó a simbolizar las ideas progresistas, liberales y radicales, mientras que la «derecha» se convirtió en sinónimo de valores conservadores y tradicionalistas.
— Ronald Dodson, La izquierda contra la derecha
Pero aunque con el paso del tiempo estos términos se asociaron con ciertas ideas específicas, «izquierda» y «derecha», e incluso «conservador» y «liberal», han significado cosas radicalmente diferentes en distintas épocas y países. Lo que es «moderadamente liberal» en una década es «extremadamente conservador» en la siguiente.
La escala no mide una realidad moral o política fija. No es objetiva, sino completamente arbitraria, ya que mide la distancia relativa respecto a dondequiera que se encuentre el consenso actual.
Al centro le hace falta una base
Probablemente ya empieces a ver el problema que plantea todo el debate entre la derecha y la izquierda, así como el hecho de considerar al centro como la opción moral correcta. Quienes votan por el «centro» sin tener en cuenta nada más basan sus opiniones en términos subjetivos e indefinidos: la izquierda y la derecha no significan realmente nada concreto y, por lo tanto, el «centro», al ser un concepto que depende por completo de su posición en un espectro inventado, significa aún menos.
El hombre que se enorgullece de ser «centrista» o «moderado» no ha encontrado la verdad equidistante entre dos errores. Simplemente se ha negado a comprometerse con una posición, ha mirado una línea arbitraria y ha aceptado la suposición de que los extremos son intrínsecamente problemáticos.
El centro cambia con el consenso —lo que significa que el centrista no tiene una convicción estable, sino un promedio móvil de lo que la cultura cree en ese momento. Lo que se consideraba «centro» hace dos décadas se considera hoy en día fuertemente conservador, ya que la Ventana de Overton2 se ha desplazado drásticamente hacia la izquierda desde finales del último milenio. Los liberales se han vuelto más extremos, y los conservadores se han vuelto más liberales. El «centro», que existe simplemente como un punto medio en algún lugar entre los dos, desprovisto de cualquier fundamento estable, simplemente se desplaza con la ventana, tratando de pasar por «razonable» al presentarse como «no extremo».
Se puede ver cómo apuntar al centro por defecto es una forma de cobardía intelectual disfrazada de sensatez. Es la salida fácil: en lugar de elegir un código moral, simplemente se elige «el centro», sabiendo que esta débil neutralidad probablemente será aceptada por la mayoría.
A lo que deberíamos aspirar es a alcanzar el justo medio aristotélico. Y este no es el centro político (porque cambia con la Ventana de Overton), sino el punto preciso de la virtud entre dos vicios (objetivo y atemporal), lo cual requiere juicio y sabiduría para localizarlo, no simplemente rechazar lo que actualmente se etiqueta como «extremo». El justo medio aristotélico requiere que primero sepas qué es realmente la virtud, lo que significa que no puedes localizarla consultando una encuesta o un consenso político.
“Extremo” no es una categoría moral
La palabra «extremo» describe una posición en una escala, no una cualidad moral. No es prudente elegir tu postura política o moral simplemente evitando lo que se denomina «extremo», porque puedes encontrarte en el extremo de la virtud o en el extremo del vicio —uno de ellos es objetivamente bueno, el otro no lo es—. Y en la misma línea, el «centro» puede desplazarse hacia todo lo incorrecto, y ser falso y maligno sin que se le tilde de «extremo».
El punto es que tu postura moral no debe estar determinada por una escala que, al fin y al cabo, es completamente subjetiva y susceptible de ser alterada por las fuerzas culturales. No debes rehuir los extremos simplemente porque sí, ni debes apuntar al centro por defecto.
Puedes tener un compromiso extremo con la verdad o un compromiso extremo con la mentira. Nosotros, los cristianos, sabemos y entendemos esto: las exigencias de Cristo son extremas según cualquier criterio razonable. Estamos llamados a la abnegación total, al amor total a los enemigos, a perder nuestras vidas por amor. Los santos eran extremos. Los mártires eran extremos. Pero también tenían razón. También eran morales.
Lo que los hizo tener razón no fue que encontraran el centro, sino que aquello en lo que eran extremos merecía la pena ser extremo. Algo no está mal porque sea extremo. Está mal porque es falso o malo —y esas son cuestiones independientes.
La verdadera cuestión
Quiero invitarte a pensar las cosas de otra manera: deshazte por completo del marco de izquierda-derecha y reemplázalo por la única pregunta que realmente importa: ¿es verdadero y bueno? ¿Se basa en las leyes morales eternas que conducen al auténtico florecimiento humano?
Un hombre de convicciones no basa sus decisiones en una escala política subjetiva. La cuestiona y se pregunta si se ajusta a la realidad, a la razón y a Dios. Y luego elige la opción que más se alinea con las leyes eternas, que son la única fuente de moralidad objetiva que podría existir.
El centro no les da a sus seguidores la superioridad moral, ni es intrínsecamente bueno por evitar los «extremos». Es, en el mejor de los casos, la apuesta segura, y en el peor, una cómoda excusa para no tener que decidir nunca qué es lo que realmente defiendes.
Ad Maiora Nati Sumus,
Juan
https://en.wikipedia.org/wiki/Left%E2%80%93right_political_spectrum#History_of_the_terms
https://en.wikipedia.org/wiki/Overton_window








