Pídele a Dios esta virtud
Una gracia esencial en tu camino hacia la santidad.
Tenía un amigo que solía ser una guía importante para mí en temas de fe cuando apenas comenzaba a abrir mi corazón al Señor. Él había estado en el seminario discerniendo su vocación, pero finalmente decidió que Dios no lo llamaba a ser sacerdote. Sin embargo, el tiempo que pasó preparándose para el ministerio lo convirtió en un hombre muy sabio, por lo que lo consideraba una especie de mentor en cuestiones de fe.
Nos acercamos aún más cuando hicimos juntos el reto de Exodus 90 hace unos años. Como parte del reto, se nos pedía tener reuniones semanales de fraternidad para hablar de nuestras luchas y victorias, y compartir las reflexiones que habíamos adquirido al practicar el ascetismo.
En una de esas reuniones, mencioné que me preocupaba un poco la nueva dirección que estaba tomando este proyecto. En ese momento, estaba empezando a tomarme mi fe muy en serio y me sentía llamado a ser más abierto sobre el cristianismo en el contenido que producía. Estaba a punto de decidir renunciar a mis ingresos para hacer lo que sentía en mi corazón que era mi verdadera vocación: escribir. Y, más específicamente, escribir sobre la masculinidad cristiana.
Puedes entender por qué estaba preocupado. Nunca es fácil renunciar a un ingreso estable para seguir lo que sientes en tu corazón que Dios te está llamando a hacer.
Así que le comenté esto a mi amigo. Cómo me preocupaba perder mis ingresos. Cómo no sabía si la gente apreciaría el nuevo rumbo de la página. Cómo no sabía si alguien pagaría por la suscripción que esperaba que reemplazara los ingresos que ya no recibiría.
¿Qué guía tus decisiones?
Y él simplemente me preguntó: «¿Qué crees que el Señor te está llamando a hacer?»
Le dije que, en lo más profundo de mi corazón, sentía un llamado a escribir sobre la masculinidad cristiana y a intentar, una vez más, como lo hice cuando lancé este proyecto, ayudar a tantos jóvenes como pudiera a encontrar su camino en este mundo a veces hostil. Pero también quería —y necesitaba— obtener algún tipo de ingreso, le dije.
Su respuesta me dio claridad, y lo que dijo me proporcionó un marco de referencia al que he recurrido desde entonces.
Verás, me había desilusionado un poco con el contenido que estaba publicando y con en lo que se había convertido mi proyecto. Y la razón de ello es que había perdido de vista la verdadera intención de Ad Aeternum (que en ese entonces se llamaba Simple Men) y había permitido que se convirtiera simplemente en un trabajo, en una mera fuente de ingresos. Y ahí es cuando te sientes desconectado de lo que estás haciendo. Lo principal que debe guiar nuestras decisiones no puede ser simplemente ganar dinero.
Mi amigo me sugirió que hiciera lo que sentía que Dios me llamaba a hacer, y que le pidiera la gracia de la pureza de intención. Que un hombre debe hacer las cosas por las razones correctas y confiar en que Dios se encargará del resto. Después de todo, eso es lo que rezamos todos los días: «danos hoy nuestro pan de cada día». Dios provee.
Esto me recordó a Mateo 6:33:
“Pero busquen primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas les serán añadidas”.
— Mateo 6:33
La pureza de intención. Eso me llegó al corazón. Era una virtud que nunca había pedido explícitamente, pero sin duda era algo que no siempre había tenido. Soy demasiado humano, y eso significa que a veces hago cosas, incluso cosas aparentemente buenas, por razones equivocadas.
Haz las cosas por las razones correctas
Este no es un concepto nuevo. San Ignacio de Loyola construyó los Ejercicios Espirituales en torno a lo que él llamó el Primer Principio y Fundamento, que afirma que “el hombre ha sido creado para alabar, venerar y servir a Dios, y por este medio salvar su alma, y que todo lo demás en la faz de la tierra ha sido creado para el hombre, a fin de ayudarlo a alcanzar el fin para el cual ha sido creado”.
De este fundamento surge el lema jesuita Ad Majorem Dei Gloriam (para mayor gloria de Dios), que vuelve a apuntar a la pureza de intención, ya que nos recuerda preguntarnos antes de cualquier acción: “¿Esto sirve a la gloria de Dios?”, y no “¿Tendrá éxito?” o “¿Será reconocido?”.
Tener pureza de intención significa hacer las cosas por las razones correctas y no dejarse motivar ni seducir por las tentaciones del éxito mundano. Significa que, cuando llega el momento de actuar, no debes pensar principalmente en lo que aumentará tu reputación, te hará ganar más elogios o satisfará el deseo de ser visto como virtuoso, sino considerar simplemente lo que más agrada a Dios.
Esto implica poner a Dios en el centro absoluto y hacer que todo lo que hagas en tu vida le honre. También significa seguir el camino que Él quiere que sigas, y no aquel que tu mente humana cree que te traerá más éxito.
Como dice San Pablo:
“Hagan lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la herencia como recompensa”.
— Colosenses 3:23-24
Sigo siendo humano. Sigo fallando y cometiendo errores. Pero cada vez más le rezo a Dios antes de actuar: “Señor, ve delante de mí, toma mis manos y ayúdame a asegurarme de que lo que haga y diga lo haga con pureza de intención, por las razones correctas”.
Y hasta ahora ha estado funcionando. Pedir algo con un corazón sincero es comenzar a recibirlo, y a medida que pido, noto una mayor paz y una claridad que no había experimentado antes. Y, curiosamente, en lo que respecta a los negocios, también está funcionando. No solo vuelvo a encontrar alegría al sentarme a escribir, sino que el aspecto financiero también está tomando impulso.
No siempre es fácil seguir a Dios, pero ser consciente de las motivaciones que hay detrás de tus acciones y recordar actuar con pureza de intención lo hace considerablemente más fácil, ya que, cuando lo haces, Dios por lo general te muestra claramente cuál es el camino correcto.
Pide hoy pureza de intención. Reza a Dios para que te dé sabiduría y discernimiento para ver tus propios puntos ciegos y falsos ídolos, y para que te libere de ellos, de modo que puedas entregar tu vida y tus acciones al servicio del Señor. Esto no solo es lo correcto, sino que también es liberador, ya que todos fuimos creados para este propósito, y solo cuando aceptemos este hecho encontraremos la paz esquiva que todos los hombres anhelan.
Ad Maiora Nati Sumus,
Juan





