¿Qué hice para merecer esto?
Job y el sufrimiento que no tiene explicación.
El libro de Job es uno de los libros más comentados y citados de toda la Biblia, sobre todo porque nos presenta un ejemplo impactante de sufrimiento inmerecido que pone inevitablemente a prueba nuestro propio sentido de la justicia.
La mayoría de nosotros conocemos la historia de Job: un hombre justo lo pierde todo sin otra razón aparente que el hecho de que Dios permitió que el diablo lo pusiera a prueba.
Y un día vinieron los hijos de Dios a presentarse delante del SEÑOR, entre los cuales vino también Satanás. Y dijo el SEÑOR a Satanás: ¿De dónde vienes? Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: De rodear la tierra, y de andar por ella.
Y el SEÑOR dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi esclavo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios, y apartado de mal?
Y respondiendo Satanás al SEÑOR, dijo: ¿Teme Job a Dios de balde?
¿No le has tú cercado a él, y a su casa, y a todo lo que tiene en derredor? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto su hacienda ha crecido sobre la tierra. Mas extiende ahora tu mano, y toca todo lo que tiene, y verás si no te blasfema en tu rostro.
Y dijo el SEÑOR a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante del SEÑOR.
— Job 1:6-12
Después de que Dios permite que Satanás ataque a Job, este hombre íntegro lo pierde todo. Sus hijos mueren, sus propiedades quedan destruidas e incluso su ganado y sus siervos perecen. En un solo día, la vida bendita de Job se convierte en una vida marcada por un profundo sufrimiento. Él, sin embargo, se niega a hablar en contra de Dios:
Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.
— Job 1:20-22
La historia de Job refleja a la perfección el sufrimiento aparentemente injusto al que todos nos enfrentamos en algún momento. Quizás te sientas como Job cuando las circunstancias negativas se acumulan sin motivo aparente: perder el trabajo, perder a un ser querido o enfrentarse a una enfermedad. Dios, en su sabiduría, sabe muy bien que en algún momento de nuestras vidas (y posiblemente más de una vez), levantaremos los brazos al cielo y exigiremos una respuesta a la siempre dolorosa pregunta: «¿Qué hice para merecer esto?».
El libro de Job nos da una respuesta.
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Sufrimiento inmerecido
Lo más llamativo de la historia de Job no es tanto el sufrimiento al que se enfrenta, sino el hecho de que es uno de los pocos casos de la Biblia en los que dicho sufrimiento es claramente inmerecido. Hay montones de historias de grandes pecadores que se enfrentan al dolor y a las dificultades como consecuencia de su desobediencia, pero casi ninguna historia —aparte de la de Job— de hombres justos que sufren terribles consecuencias sin haber cometido ningún pecado.
Gran parte de lo que hace que la historia de Job sea tan identificable es que vemos en ella la falta de respuestas de Dios que a menudo sentimos en nuestras propias vidas. Como lectores, sabemos lo que está pasando y sabemos que Job está siendo puesto a prueba (los capítulos 1 y 2 revelan la prueba de Satanás con el permiso de Dios). Pero Job no tiene ni idea. Y su ignorancia nos recuerda nuestra propia confusión cuando el sufrimiento llega sin que hayamos hecho nada para merecerlo.
Precisamente porque el sufrimiento es una experiencia tan común entre todos los que caminamos por este valle de lágrimas, quiero analizar la historia de Job desde un ángulo diferente e intentar ofrecer algo de consuelo a cualquiera que pueda estar sufriendo y sin encontrar una explicación para sus tribulaciones.
Tengan en cuenta que las respuestas que encontramos en el libro de Job son reconfortantes, pero no son lo que, en medio de nuestro dolor, podríamos esperar o desear.





