Hace unas semanas, me topé con un video corto de YouTube que se me ha quedado grabado desde entonces:
En el video, al Dr. John Lennox le preguntan, dada su avanzada edad, cuáles cosas le generan expectativa respecto al futuro. Su respuesta es simple: “Tengo muchas ganas de ver al Señor.”
Hoy no tengo un artículo extenso para ustedes, solo unas palabras sobre la respuesta del Dr. Lennox y un recordatorio de que debemos vivir la vida con la mirada puesta en la eternidad.
Me pareció que la respuesta del Dr. Lennox fue una forma muy hermosa de resumir la esperanza en la que se sustenta toda nuestra fe: que, al final de todo, cuando lleguemos al término de nuestras vidas agotados por haber vivido una vida dedicada al servicio, finalmente nos encontraremos con Nuestro Señor y permaneceremos con Él y en Él para siempre.
La convicción de que Jesucristo nos espera en la eternidad es lo que nos da la fuerza para atravesar este valle de lágrimas, para permanecer firmes en la fe, para seguir sacrificándonos y muriéndonos a nosotros mismos cada día, porque sabemos que si hacemos nuestra parte, eventualmente, cuando llegue el momento de partir, despertaremos en un lugar mejor y escucharemos las palabras que nuestras almas anhelan con tanta desesperación:
Bien hecho, siervo bueno y fiel.
— Mateo 25:21
Una de las cosas más difíciles —según mi experiencia— de ser cristiano es desprenderse de este mundo imperfecto y poner todas nuestras esperanzas en el mundo venidero. Nuestra naturaleza caída se aferra a esta vida y a los muchos tesoros que contiene, y es una batalla constante descansar en la certeza del cielo en lugar de luchar por aferrarnos a las cosas mundanas que nos prometen falsamente la plenitud.
Pero ver a alguien en el ocaso de su vida responder con tanta sencillez y honestidad nos recuerda que ni siquiera la muerte es el final, y que no debemos temer ni resentirnos por el paso del tiempo y la decadencia física que este provoca. Porque lo más preciado que tenemos no son nuestros cuerpos, sino nuestras almas, y aun cuando nuestros cuerpos estén viejos y marchitos, nuestras almas pueden permanecer puras y listas para encontrarse con su Creador.
Ojalá todos, al igual que el Dr. Lennox, recordemos que no fuimos creados para pasar nuestros días buscando el vacío de las cosas de este mundo, sino que estamos llamados a hacer todo lo posible por encontrarnos con nuestro Salvador en la eternidad, apoyándonos firmemente en el conocimiento de que Él nos ayudará a llegar a Él, si entregamos nuestros corazones a Su amorosa misericordia.
Ad Maiora Nati Sumus,
Juan
¡Gracias por leer!
Si te gustó este artículo, deja un “me gusta” o un comentario, lo cual nos ayuda mucho a alcanzar nuevos lectores.
También, si te gustó este artículo, te encantará mi libro.






