Una parte importante de ser hombre consiste en desarrollar la fortaleza necesaria para controlar tus impulsos y mantener tu integridad bajo presión. Lamentablemente, a la mayoría de los hombres de hoy en día se les ha educado en la dirección opuesta: hacia la reactividad emocional, la fragilidad y la blandura, y han aceptado esto como el ideal.
Para convertirnos en los líderes que Dios nos llama a ser, necesitamos comprender las influencias y los hábitos que están generando esa debilidad y esa afeminación, y erradicarlos de raíz.
Estas son las 10 cosas principales que te están volviendo emocional, frágil y delicado:
#10: Películas y series de televisión débiles
No subestimes cuánto influyen los medios que consumes en lo más profundo de tu personalidad. Es imposible ver repeticiones de “Friends” durante años y no empezar a interiorizar la masculinidad infantil que presentan esos personajes.
Esa serie es solo un ejemplo, pero hoy en día la mayoría de las series y películas son profundamente perturbadoras, y muy pocas de ellas presentan realmente modelos a seguir positivos. Lo que suelen presentar son hombres inmaduros y afeminados, o compañeros de alguna “protagonista femenina fuerte”. Una vez más, aunque no intentes imitarlos a propósito, si inundas tu subconsciente con ese tipo de ejemplos, poco a poco empezarás a convertirte en alguien como ellos.
La solución a este hábito: sé más consciente del entretenimiento que eliges.
#9: La tibieza en la fe
Quien no se enoja cuando hay motivos justos para hacerlo es inmoral. ¿Por qué? Porque la ira busca el bien de la justicia. Y si puedes vivir en medio de la injusticia sin enojarte, eres inmoral además de injusto.
— Santo Tomás de Aquino
El cristianismo tibio es un peligro mayor que el ateísmo. El cristiano tibio pervierte el buen nombre del Señor al no mantenerse firme en Su Palabra y Sus valores, y al no adoptar una postura radical contra el pecado.
Contrario a lo que algunos podrían pensar, esto de ninguna manera va en contra de los mandamientos de la caridad, sino que, como lo expresa Aquino, respalda el precepto de la justicia cristiana. Lo bueno es bueno y lo malo es malo; no todo es subjetivo, y aunque Jesús ama a todos, eso no significa que le gusten o apruebe tus pecados.
Entrega toda tu vida a Cristo. Esa es la única opción. Y si, esto es radical. Pero ser radical a favor de la Verdad es algo bueno.
La cura para este hábito: Deja el cristianismo tibio y deja de elegir qué leyes seguir según tu propia conveniencia. Toma la decisión consciente de entregar todo tu corazón a Cristo.
#8: Falta de amistades masculinas serias
Es muy fácil seguir siendo inmaduro y emocional si no tienes amigos a tu alrededor que te hagan notar cuando actúas de manera afeminada o inmadura.
La mayoría de las amistades entre hombres hoy en día son extremadamente superficiales y giran en torno a emborracharse y buscar mujeres. De eso es de lo que hablan la mayoría de los grupos de amigos y eso es todo lo que realmente hacen juntos. Eso no te ayuda a madurar ni a convertirte en un verdadero hombre de Dios.
Los hombres necesitan a otros hombres que les llamen la atención, con quienes competir y que los impulsen hacia metas más elevadas. Si tu grupo de amigos no se alinea con eso, toma la iniciativa de guiarlos en esa dirección.
La solución a este hábito: Únete o crea un grupo de hombres con ideas afines. Invita a tus amigos a hacer cosas de hombres. Ten una conversación seria con ellos y explícales por qué quieres hacerlo. Conviértelo en una práctica habitual.
#7: Mentalidad derrotista
Cada vez que menciono la castidad, tanto en la vida real como en línea, la mayoría de los hombres lo descartan porque realmente creen que es imposible controlar sus impulsos sexuales. Si crees que algo es imposible, por supuesto que nunca lo lograrás.
Hay pocas cosas más débiles que este tipo de mentalidad derrotista, en la que eliges ser vencido incluso antes de empezar a intentarlo. La castidad es solo un ejemplo, pero esta mentalidad contamina todo lo demás.
Si no crees de verdad que tu vocación como cristiano es la santidad, nunca te esforzarás con todas tus fuerzas para alcanzarla. Pondrás excusas para tu debilidad y tu falta de integridad. Justificarás tus pecados y tu falta de esfuerzo.
Si no fuera posible ser un santo, Cristo no nos habría dicho que fuéramos perfectos. Ten en cuenta que, de hecho, esto no sería posible si intentáramos lograrlo por nuestra cuenta, pero ¿has olvidado que no es en tu propia fuerza en la que confías, sino en la de Dios mismo?
La cura para este hábito: fíjate estándares más altos. Deja de caer en las mentiras del enemigo que te dicen que es imposible triunfar sobre los pecados que te tienen cautivo. Cristo hace posible lo imposible, pero debes pedirle que te ayude.
#6: Exceso de expresiones emocionales




Mira esas imágenes. ¿Muestran el tipo de hombre que quieres ser?
La tradición cristiana nunca ha pedido a los hombres que carezcan de emociones. Leemos en la Biblia que Cristo lloró, que los santos también lo hicieron, y que a lo largo de la historia los creyentes varoniles se enfurecieron con ira justa y sufrieron profundamente. Sin embargo, siempre ha exigido que las emociones de un hombre estén ordenadas por la razón y dirigidas hacia Dios, en lugar de expresarse sin disciplina ni moderación, que es lo que las imágenes de arriba buscan promover.
Quizás llorar no sea algo de lo que avergonzarse, pero definitivamente no es algo que se deba buscar activamente.
Como cualquier hábito, cuanto más lo haces, más difícil es dejarlo. Si lloras constantemente, te convertirás en un hombre acostumbrado a llorar todo el tiempo. Lo mismo ocurre con ser emocional en general: cuanto más le des rienda suelta a tus emociones, con mayor frecuencia te verás controlado por ellas.
La cura para este hábito: cuando surja una emoción fuerte, haz una pausa antes de actuar en consecuencia. Pregúntate si ese sentimiento apunta hacia algo verdadero que merece atención y expresión, o si se trata de una reacción pasajera que debe controlarse.





